7 RAZONES POR LAS QUE ME ENCANTA EL YOGA.

Actualizado: 25 de may de 2020


Al tiempo de comenzar mi práctica de yoga comencé a sentir parte de sus beneficios y quería compartirlos con todo el mundo. Llegué a ser incluso un poco plasta, todo el rato hablando del yoga. Pero era tan guay lo que sentía que quería que nadie se lo perdiera. Esa también fue la razón de plantearme, en su momento, ser profe.


He dicho, al tiempo porque me costó entrar. Durante el primer mes siempre había un momento de la clase que me quería ir, y pensaba que total por irme un día no pasaba nada, pero nunca llegué a hacerlo. Había días que no quería ir porque me daba pereza, porque me costaba y me cansaba, pero luego me pasaba todo el día arrepentida por no haber ido. Los primeros meses fueron así, mucha frustración. Yo que era casi la perfección personificada, “no me salían” las asanas, me sentía torpe y me comparaba con mis compis. Una vez una profe me dijo, “si te sientes frustrada no estás haciendo yoga”. Cuánta razón tenía…

Pero como te digo, al tiempo todo empezó a cambiar. La magia surgió. Y todavía sigue surgiendo. Te podría hacer un listado con los beneficios del yoga, una infografía muy chula enumerándote los mil beneficios del yoga, pero eso ya lo tienes en internet. Googlea “beneficios yoga” y flipa con todo lo que sale.


Yo prefiero contarte mi experiencia personal, qué beneficios he sentido, cómo ha mejorado mi vida y por qué me encanta el yoga. Podría escribir párrafos y párrafos pero te los voy a resumir en 7.


Aquí van mis 7 razones por las que me encanta el yoga:



Esto es maravilloso porque realmente es lo único que existe.

De pequeña quería ser mayor. Me he pasado media vida pensando que lo bueno estaba por llegar, que lo que vivía en ese momento era ese momento de espera hasta que llegaba lo bueno. Era como si ese momento que estaba viviendo no tuviera nada que ver conmigo y fantaseaba con esa vida maravillosa que estaba por llegar. He estado más de 10 años trabajando en moda, diseñando colecciones con dos años de antelación, pensando en las tendencias que iban a funcionar en el futuro. Por otro lado he sentido un pesar muy profundo en mi interior por algo que me pasó de pequeña y en momentos oscuros me trasladaba allí de nuevo.


Me he pasado más de media vida dando tumbos entre el pasado y el futuro. En cuanto al pasado ya no puedo hacer nada más que perdonar. Y en cuanto al futuro lo veo como una caja de sorpresas que irán saliendo a su debido momento, por lo que no me tengo que preocupar.


Antes de practicar yoga, cuando pensaba que lo bueno estaba por llegar, que ese momento no tenía nada que ver conmigo me crucé con una frase que creo que es de John Lenon, que dice algo así como “la vida es aquello que pasa mientras haces planes”. Y eso me dio que pensar, fue todo un zasca. En unos segundos se me habían desmontado todas mis creencias y me di cuenta de que había me había perdido el disfrutar de un montón de años. Pero no fue hasta la llegada del yoga a mi vida cuando realmente, y de una manera consciente, empecé a vivir en este maravilloso momento presente. A veces se me va, lo reconozco, pero soy consciente y también de una manera consciente siempre vuelvo a este momento real. Este momento presente que es el que quiero disfrutar.


Si me lo hubieran dicho antes…Madre mía la de berrinches y presión me habría ahorrado. He buscado la perfección durante años. Pero no sólo me la exigía a mí, también a los demás.


Durante mi época de diseñadora, cada colección, era un proceso creativo maravilloso pero muy doloroso a la vez, porque nunca me parecía un buen trabajo. El día después de cada desfile era muy duro. Por un lado estaba el vacío de haber terminado algo en lo que había entregado por completo mi corazón, mi tiempo y mis sentidos. Por otro, esa sensación de no haber conseguido hacer un gran trabajo, siempre se podía mejorar. Frustración absoluta. Ahora, en la distancia, cuando he visto algún desfile mío, he flipado, ¡era muy buena! Pero era incapaz de verlo. Menos mal que había fecha de desfile porque si no todavía estaría con la primera colección. Bueno no, dese que practico yoga, estoy ya muy lejos de aquello, porque es algo tan sencillo como que nada es perfecto.


Si la vida no es perfecta, ¿por qué lo iba a ser yo? No hay que ser perfecto porque la perfección no existe. Ahora, el yoga me ha enseñado a sacar lo mejor de mi, con esfuerzo, con constancia, con foco y así avanzo. ¡Eso es lo importante! Si busco la perfección me quedaré dando vueltas en el mismo sitio y eso no tiene ningún sentido.


En yoga no hay asana perfecta y eso es precioso.


Shamtosha en los Yoga Sutras de Patanjali.

saṃtoṣādanuttamaḥsukhalābhaḥ

Yoga Sutra II, 42

Gracias al contentamiento se alcanza una felicidad insuperable.

Comentario de Oscar Pujol

La vida muchas veces nos pone por delante situaciones complicadas que no nos gustan. Siempre que esté en tu mano cambia aquello que no quieras para ti. Pero hay veces que las cosas no dependen de ti. En esos momentos la clave es aceptar. Puedes gritar, llorar, patalear, quejarte hasta la infinidad, hazlo, desahógate, pero lamentablemente nada va a cambiar. Así que desde una visión positiva, acepta y avanza. Hay mucho bonito una vez lo dejas atrás.  En la práctica de yoga hay asanas que nos cuestan o no podemos hacer, quizá porque llevan su tiempo de práctica, quizá sea por algún tema anatómico o alguna lesión te lo impida o simplemente tu mente no colabora y está lejos. No pasa nada, acepta tu práctica sea como sea. Lo importante es estar sobre la esterilla días tras día.  Puedes recordar el post sobre Samtosha que escribí hace un año que, aunque la situación que vivíamos era completamente diferente a lo largo de la vida, sea el escenario que sea, aceptar nos ayuda a avanzar.


Y esto también mola. Tengo unas piernas fuertes, tengo unos brazos fuertes y tengo un abdomen fuerte. No estoy musculada ni fibrada como parece que tiene que estar las profes de yoga según Instagram, pero me siento fuerte. Nunca he hecho deporte, de pequeñita bailaba y a los veintitantos me dio de nuevo por bailar, pero poco más. Estaba delgada y era lo que importaba. Ahora estoy fuerte, ahora soy fuerte. Pero no sólo a nivel físico, sino a nivel mental.

El yoga, incluyendo la meditación como práctica de yoga, me ha dado esas herramientas para controlar mis pensamientos, para no creerme lo que me dice mi radiomente y ser quien soy. Las herramientas las tengo, pero esto es un camino, no nos engañemos.



De nuevo a nivel físico y mental.


A nivel físico la progresión ha sido brutal, y lo que me queda… Mucha gente me dice “yo no practico yoga porque no soy flexible, soy un tronco” ¡Coño pues como todos! A no ser que te hayas dedicado a la danza o a la gimnasia rítmica o deportiva desde la infancia, el resto de los mortales no somos flexibles, y menos en esta vida moderna que nos ha tocado vivir. Yo de pequeñita bailaba pero no era de las más flexibles, me costaba mucho. La clave es que el yoga te hace flexible, y de verdad que es así. Eso sí, paciencia, otra gran lección que me ha enseñado el yoga. Todo llega cuando tienes que llegar, sin es que tiene que llegar. Por eso no hay que forzar nada, hay que entender qué hay que hacer, cómo hacerlo e integrarlo poco a poco. Verás cómo vas llegando más lejos, casi sin darte cuenta y cuanto menos te obsesiones en conseguirlo. Simplemente fluye y disfruta del camino. ¡Apunta esta también!


Mentalmente también me ha hecho flexible, desde que practico yoga, me tomo las cosas de otra forma. Y me gusta. Soy más abierta, antes poseía la verdad absoluta y pensaba que tenía que aferrarme a algo y no cambiar mi opinión, por que si no tendría poco valor. Pero sin esa flexibilidad no consigues aceptar. Y si no consigues aceptar no consigues avanzar. Me gusta ser flexible.


Maravilla. ¡Qué gran descubrimiento!


Algo tan sencillo. Un gran refugio que hemos tenido siempre y además gratis. Un tesorito. Son cosas que nos tendrían que enseñar en el cole, eso e inteligencia financiera, en vez de tantas derivadas y raíces cuadradas, que me disculpen los profes de mates. Sorry.

Respiramos en piloto automático, ¡como no hay nada que hacer! Le dieron al botón cuando nacimos y ya no tenemos que nacer nada más hasta que que lo apaguen. Sin darnos cuenta de lo importante que es. Según sea la calidad de nuestra respiración, será la calidad de nuestra vida.


Las respiración es muy importante en la práctica de yoga que busca recuperar la respiración natural, armoniosa y libre que frecuentemente se deteriora por la aparición de bloqueos. Esos bloqueos principalmente surgen por la aparición de tensiones físicas, emociones negativas o la actividad descontrolada de los pensamientos. Unas pocas respiraciones conscientes disiparán estos estados aportándote mayor vitalidad, relajación calma y claridad mental.


Según vas practicando tu capacidad pulmonar aumenta, por lo tanto entra más oxígeno a tu organismo. A poquito vas realizando exhalaciones más largas, vaciando tu organismo de CO2, de porquería, de todo aquello que te sobra.


Gracias al yoga dejé de fumar, no te digo más. Llevaba media vida fumando, no mucho pero me gustaba. En los procesos creativos, cuando diseñaba, me encantaba encenderme un cigarro y pensar, observar. Era un momento especial que formaba parte de todo ese proceso creativo. Era una fumadora convencida pero el yoga me ayudó a no necesitarlo. La verdad es que la mayoría de las veces que fumaba no era en ese contexto romántico de la creatividad, sino antes de meterme en el metro o al salir a la calle, así en modo piloto automático. En ningún momento se me ha ocurrido volver a fumar. No lo necesito. Lo que necesito ahora, más bien, lo que quiero ahora es respirar de manera consciente y con una respiración de calidad.


Cinco letras que forman una gran palabra. Qué grande se puede hacer en miedo. Puede presentarse ante un amplio abanico de situaciones. No sólo en situaciones extremas, sino en aquellas cotidianas.


El problema con el miedo es que nos paraliza. Por una lado está muy bien, nos protege. Cuidado que tampoco hay que ir de kamikace por la vida… El miedo tiene su función pero en un contexto adecuado. Lo que pasa es que nuestra mente es demasiado protectora y le da el botón de alarma ante casi cualquier cosa, y en muchos casos se le va la mano y lo raro es que no le de.


De primeras, pocas cosas me han dado en la vida. Pero en el fondo siempre ha estado ahí. No he tenido miedo nunca a reinventarme, la mayoría de mi vida laboral ha sido como emprendedora, he presentado mis colecciones en pasarelas frente a los medios y otros profesionales. He dado clases y ponencias delante de mucha gente. Nada de eso me ha dado miedo.


Pero otras veces si me ha paralizado e incluso me he auto boicoteado por miedo al éxito. Así que desde que, gracias al yoga, me puse boca abajo en sirsasana con casi 40 años, el miedo ya no es tan fuerte. Prefiero optar por la precaución antes que optar por el miedo. A veces sigue ahí, y que siga. Pero ya no me paraliza. He devuelto el miedo a su contexto, intento que sólo aparezca antes situaciones reales de peligro aunque no siempre lo consigo, así que muchas cosas las hago, aunque sea con miedo.



Hay muchas cosas más por las que me encanta el yoga, ya te iré contando más adelante. Ahora, y a ti ¿por qué te encanta el yoga? Te invito a compartir, a que dejes un comentario contando tu experiencia, así esas cosas buenas que nos regala el yoga llegarán a más gente.

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